PEDAGOGÍA MONTESSORI: UNA EDUCACIÓN ACTIVA Y RESPETUOSA

Pedagogía MontessoriEn la constante búsqueda para alcanzar el bienestar de nuestros hijos uno investiga, estudia y elige lo que considera mejor para ellos. Una de las elecciones más importantes es el colegio al que asistirán durante tantos años. En esta andadura, los padres que impulsamos este proyecto, llegamos a la educación Montessori. Con más o menos referencias sobre esta metodología de enseñanza, que traspasa el ámbito escolar para convertirse en una filosofía de vida, nos sumergimos en ella. Su pilar fundamental es el respeto a los niños, a sus ritmos y necesidades durante el proceso de aprendizaje. El objetivo es que aprendan, pero que lo hagan disfrutando de este proceso, sin prisas ni presiones, al tiempo que crecen felices y respetados.

El día a día de las escuelas tradicionales genera dinámicas que, a menudo, conllevan la supresión de los intereses propios de cada niño. Esto se debe a que, entre otros motivos, los maestros carecen de herramientas prácticas que les permitan diversificar las propuestas de trabajo y, por ello, han tenido que homogenizar la práctica docente de sus clases, decidiendo qué, cómo y cuándo se ve un contenido con los estudiantes, todos al mismo tiempo y de la misma manera, la mayoría de las veces, centrados en el trabajo impuesto por un libro de texto.

En una escuela Montessori el niño puede reconocerse a sí mismo y, por tanto, desarrollarse plenamente a través de la libre interacción con el ambiente preparado, el maestro y sus iguales.

Uno de los pilares fundamentales de esta educación son los ambientes preparados. En estos ambientes el currículum está expuesto: el ambiente está estructurado por áreas de conocimiento en las que hay diferentes materiales que permiten al niño adquirir los conocimientos que marca el currículum, pero de una manera práctica, experiencial y multisensorial. El niño trabaja a su ritmo, según sus capacidades, necesidades e intereses, por lo que se siente respetado, libre de juicios y, por ello, capaz.

Se sabe que la curiosidad es innata en los niños. Lo que ocurre en estos ambientes es que los materiales despiertan su curiosidad e interés. En este proceso cada niño se convierte en generador de su propio conocimiento, la motivación es intrínseca y el aprendizaje se produce de forma natural. Estos materiales favorecen la autonomía del niño, pues la mayoría de ellos son autocorrectivos e incorporan el error como parte esencial del proceso de aprendizaje. Si se le deja al propio niño volver al material que en un primer momento no pudo resolver, en la siguiente ocasión, es muy probable, que pueda resolverlo. Gracias a la repetición y a la concentración podrá alcanzar su objetivo. Al lograrlo no sólo desarrollará su autonomía y sentido de constancia, sino que le proporcionará una base firme para su seguridad y autoestima.

En la escuela tradicional el profesor tiene el papel principal y es el transmisor del conocimiento. En un espacio Montessori, el niño es el protagonista del proceso de enseñanza-aprendizaje; el maestro se convierte en un actor secundario, figura al que se llama guía o acompañante, y que se encarga de diseñar el ambiente para que sea estimulante, al mismo tiempo que observa atentamente los procesos de los niños. Esta observación es esencial para discernir cuándo intervenir y cuándo no. El maestro es el encargado de crear un ambiente cálido, seguro, cariñoso pero firme, interesante y respetuoso. La libertad viene de la mano de una acción responsable en todos los sentidos: por eso se trabaja, poco a poco, el desarrollo de la voluntad y la autodisciplina, entendiendo ‘disciplina’ como la capacidad de las personas para regular y modificar su propia conducta desde su interior.

El trabajo puede ser individual, dirigido o cooperativo. Especialmente a partir de primaria es importante el crecimiento social e intelectual a través de la interacción con compañeros y amigos de diferentes edades. Las aulas multigrado permiten una mayor autonomía y enriquecen el aprendizaje: los mayores refuerzan sus conocimientos al enseñar a los pequeños y los pequeños aprenden de los mayores.

En conclusión, podemos decir que la educación Montessori es una educación para la vida, que pone el énfasis en la autonomía, la autogestión, la cooperación y el respeto. Junto con la guía del maestro experto y formado, se prepara a los niños y jóvenes para poder desplegar sus capacidades de aprendizaje y aplicarlas a lo largo de su vida en los diferentes contextos sociales y culturales en los que se encuentren.

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